Embarazo y COVID-19: ¿Cuáles son los riesgos?

Escrito por el personal de Mayo Clinic


Si estás embarazada, recientemente tuviste un bebé, o estás amamantando, probablemente estés preocupada sobre el impacto que pueda tener la enfermedad del coronavirus 2019 (COVID-19) sobre ti y sobre tu bebé. Esto es lo que necesitas saber.


Riesgos durante el embarazo


En general, el riesgo para la COVID-19 para las mujeres embarazadas es bajo. Pero las mujeres embarazadas que tienen la COVID-19 parecen tener más probabilidad de desarrollar complicaciones respiratorias que requieran cuidado intensivo que las mujeres que no están embarazadas, según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades. También hay más probabilidad de que las mujeres embarazadas necesiten un respirador. Además, las mujeres embarazadas de raza negra o hispanas parecen estar afectadas de manera desproporcionada con la infección con la COVID-19.


Los factores de riesgo en cuanto a gravedad para la COVID-19 durante el embarazo incluyen madres de edad más avanzada, índice de masa corporal alto, y diabetes o hipertensión pre-existentes.

Aún no se sabe cuál es la frecuencia con que la COVID-19 causa problemas durante el embarazo, o si afecta la salud del bebé después del nacimiento. Algunas investigaciones sugieren que las mujeres embarazadas con la COVID-19 tienen más probabiidad de tener un parto prematuro, y que es más probable que sus bebés necesiten ser admitidos a la unidad neonatal.

Comunícate de inmediato con tu profesional de salud si tienes síntomas de la COVID-19 o si has estado expuesta a alguien que tenga la COVID-19. Se recomienda que te hagas la prueba para detectar el virus que causa la COVID-19 si hay pruebas disponibles. Llama a tu proveedor de atención médica con anticipación para hablar sobre tus síntomas y tu posible exposición antes de ir a tu cita.

Si tienes la COVID-19 y estás embarazada, tu tratamiento se centrará en aliviar los síntomas, y puede incluir tomar mucho líquido y descansar, así como tomar medicación para reducir la fiebre, aliviar el dolor, o reducir la tos. Si estás muy enferma, es posible que tengan que hacerte tratamiento en el hospital.

Impacto para el cuidado prenatal


Los esfuerzos en la comunidad para controlar la trasmisión de la COVID-19 quizás afecten tu acceso a los cuidados prenatales de rutina. Pregúntale a tu proveedor de atención médica si el cuidado prenatal virtual es una opción para ti, si se ofrece en tu área, y cómo funciona. También pregúntale si hay algunos instrumentos que sería útil tener en casa, como un aparato para tomar la presión. Para aprovechar al máximo cualquier visita virtual, prepara una lista de preguntas con antelación y toma notas detalladas durante la visita. Considera investigar tus opciones para clases de preparación para el parto por internet.


Si durante tu embarazo tienes algunas afecciones de alto riesgo, las visitas virtuales quizás no sean una opción. Pregúntale a tu doctor o clínica cómo puede verse afectada tu atención médica.

Recomendaciones para el trabajo de parto y el parto


Si tienes buena salud al aproximarse el fin del embarazo, algunos aspectos de tu trabajo de parto y parto podrán proceder como se espera. Pero prepárate a ser flexible.

Si tienes programada una inducción al parto o una cesárea, tú y la persona que te apoya quizás deban hacerse la prueba de detección para síntomas de la COVID-19 entre 24 y 48 horas antes de tu llegada al hospital. Quizás te vuelvan a hacer la prueba de detección antes de entrar a la unidad para trabajo de parto y parto. Si tienes síntomas o el virus que causa la COVID-19, quizás se vuelvan a programar la inducción o la cesárea.


Para proteger tu salud y la de tu bebé, algunos lugares quizás limiten el número de personas que puedes tener en el cuarto durante el trabajo de parto y el parto. Las visitas después del parto también pueden verse afectadas. También, durante tu estadía en el hospital, tal vez les hagan a ti y a la persona que te apoya pruebas a diario para detectar síntomas. Habla con tu proveedor de atención médica sobre cualquier restricción que pueda aplicarse, aunque las restricciones pueden cambiar al variar los índices de infección con la COVID-19 en tu área. Tu estadía en el hospital probablemente sea más corta de lo tradicional.

Si tienes la COVID-19, o estás esperando los resultados de tu prueba de detección porque tienes síntomas, se recomienda que durante la hospitalización después del parto te pongas una mascarilla de tela y tengas las manos limpias cuando cuides de tu bebé recién nacido. Está bien tener la cuna de tu bebé junto a tu cama mientras estés en el hospital, pero también se recomienda que te mantengas a una distancia razonable del bebé cuando sea posible. Cuando se toman estas medidas, el riesgo de que un recién nacido se infecte con el virus de la COVID-19 es bajo. La investigación sugiere que solo entre 2% y 5% los bebés nacidos de mujeres que tienen la COVID-19 alrededor del momento del parto tienen resultados positivos en la prueba de detección en los días siguientes al nacimiento.

Pero si estás enferma de gravedad con la COVID-19, quizás se necesite que estés separada temporariamente de tu bebé recién nacido.

Guía para el posparto


Se recomienda que el cuidado de posparto después del nacimiento del bebé sea un proceso continuo. Habla con tu proveedor de atención médica sobre opciones para visitas virtuales para controles después del parto, así como tu necesidad de visitas al consultorio.


Durante este tiempo de tanto estrés, quizás tengas más ansiedad sobre tu salud y la salud de tu familia. Presta atención a tu salud mental. Comunícate con familiares y amigos para tener apooyo mientras tomas precauciones para reducir tu riesgo de infección con el virus de la COVID-19.

Si poco después del parto tienes cambios importantes en el estado de ánimo, pérdida del apetito, una fatiga abrumadora y te falta la alegría de vivir, quizás tengas depresión posparto. Comunícate con tu profesional de atención médica si piensas que puedas estar deprimida, especialmente si los síntomas no desaparecen solos, si tienes problemas para cuidar a tu bebé o terminar las tareas diarias, o si piensas en hacerte daño a ti misma o al bebé.

Consideraciones respecto a la lactancia


Aún no se sabe si el virus de la COVID-19 puede trasmitirse a través de la leche materna. Una investigación limitada no ha demostrado ninguna evidencia de que el virus esté presente en la leche materna de las mujeres que tienen la COVID-19. La preocupación más importante es si una madre infectada puede trasmitir el virus al bebé a través de gotitas respiratorias durante el amamantamiento.


Si tienes la COVID-19, o presentas síntomas y te están investigando para detectar la presencia del virus, toma medidas para evitar el contagio del virus a tu bebé. Esto incluye lavarte las manos antes de tocar al bebé, y, si es posible, usar una mascarilla durante el amamantamiento. Si te estás extrayendo leche, lávate las manos antes de tocar cualquier parte de la bomba o del biberón, y sigue las recomendaciones para la limpieza correcta de la bomba. Si es posible, pídele a alguien que esté sano que le dé la leche materna extraída al bebé.

Qué puedes hacer


No hay ninguna vacuna que pueda prevenir la infección con la COVID-19 en este momento. Para reducir los riesgos de contraer la infección, evita tener contacto con cualquier persona que esté enferma o tenga síntomas, y mantén 6 pies (2 metros) de distancia entre tú y otros que no vivan en tu casa. Ponte una mascarilla de tela en lugares públicos y en el trabajo. Limita el contacto con otros cuanto sea posible. En lugar de hacer visitas, considera compartir tu tiempo con amigos y familia a través de fotos, videos, o videoconferencias. Lávate las manos con frecuencia con agua y jabón por lo menos por 20 segundos, o usa un desinfectante para manos con base de alcohol que contenga al menos 60% de alcohol.


Sobre todo, concéntrate en cuidarte a ti misma y a tu bebé. Contacta a tu profesional de salud para hablar sobre cualquier duda que tengas. Si tienes problemas para controlar el estrés o la ansiedad, habla con tu proveedor de atención médica o con un especialista en salud mental sobre estrategias de afrontamiento.


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